Manejar en Paz

En lo personal, siempre he sido muy tranquila para manejar. Creo que esto lo aprendí de mi mamá. Desde que empezábamos a manejar nos decía “tómense su tiempo“, “no corran“, “váyanse tranquilas“. Inclusive nos repetía muchas veces, “Los minutos que se podrían ahorrar por ir a exceso de velocidad, no valen la pena. No harán diferencia. Se ponen a ustedes y a los demás en riesgo.”

Mi mamá siempre se distinguió entre mis tías, amigas y primas por ser un poco más nerviosa que las demás. Un poco más aprensiva y preocupona. En ocasiones nos reímos recordando algunas de las advertencias que nos daba: “cuando manejes, ten cuidado con las banquetas altas, no te vayas a pegar mucho” “no te vayas por la rotonda, sácale la vuelta“…

Sin embargo, en el tema de la velocidad, tiene toda la razón. Se lo agradezco infinitamente por recalcarlo. Y no simplemente por razones obvias, como lo es la seguridad, sino porque creo que sus enseñanzas y advertencias me han llevado a vivir una vida con menos estrés.

Hoy en día vivimos saturados. Saturados de actividades, de información, de obligaciones, de opciones… El encontrarnos con tantas posibilidades, nos pueden ocasionar sentirnos acelerados emocionalmente y físicamente.

Y claro, esa aceleración, se manifiesta también en nuestro estilo de manejar. Queremos llegar del punto A al punto B en el menor tiempo posible porque queremos poder hacer la mayor cantidad de actividades en el día que tiene las mismas horas que siempre ha tenido. Cada vez tenemos más compromisos y más obligaciones, más cosas que “tenemos” que hacer. Las calles se encuentran cada vez más saturadas y nosotros seguimos pensando que podemos hacer traslados en el mismo, o peor aún, menor tiempo que antes. Nuestro nivel de estrés al manejar se eleva al estar en constante alerta y manejando a la defensiva para poder llegar a todos nuestros compromisos.

No corran” nos decía mi mamá. Cuando empezábamos a manejar siempre nos recordaba que debíamos salir a tiempo a donde fuera que íbamos. No le gustaba que subiéramos la velocidad ni que fuéramos preocupadas por llegar a algún lado. Antes pensaba, “Que exagerada. Claro que llego“. Ahora no pienso igual.

Me he dado cuenta que cuando traigo algo de prisa, me siento intranquila y manejo a la defensiva. Es decir, cuido que nadie se vaya a meter a mi carril, me pongo nerviosa viendo el semáforo de enfrente para asegurar poder pasar antes que cambie al rojo, estoy constantemente comparando los carriles ¿cuál se mueve más rápido?. Siento que mi corazón palpita un poco más rápido. Me siento en constante alerta. Alerta y a la defensiva.

De lo contrario, cuando llevo tiempo, manejo tranquila. Respeto la velocidad, hago mis altos completos, cuido frenar a tiempo para dejar el paso peatonal completamente libre, dejo pasar al peatón siempre, cedo el paso al carro que me pone su direccional… No solo me siento en paz porque no estoy a la defensiva, también siento algo bonito cada vez que logro darle el paso a alguien, pienso que quizá pude contribuir a que esa persona tuviera un día más agradable. (Suena cursi, lo sé… pero es la verdad).

Hoy en día tengo tres cosas muy presentes:

  1. Si quiero llegar a algún lado calculo un poco más del tiempo necesario para llegar. Tomo en cuenta la hora y la distancia. No es lo mismo trasladarme a media mañana a un sitio que ir a ese mismo lugar a la hora de la comida o en hora pico por la tarde.
  2. Si sé que voy a trasladarme en hora de mucho tráfico o en calles con tráfico pesado, voy preparada con buena música, un buen podcast o un audiolibro. Me aseguro estar entretenida.
  3. Llegar a tiempo o mejor aún, antes de la hora me ayuda a prepararme para mi compromiso. Tengo tiempo para refrescarme, enfocarme en lo que voy a hacer, hacer alguna llamada antes de entrar, consultar algún dato que tenía pendiente… Llegar antes te da ventaja. Sea un compromiso social, escolar o de negocio.

Creo que debemos buscar las distintas maneras, aunque sean pequeñas, que ayuden a hacer nuestra vida más agradable: disfrutemos nuestro camino. Suficientes agresiones, ansiedades y estreses tiene la vida como para nosotros mismos ocasionarnos otra al manejar. Quizá pensarán, “pero es que no soy yo, es todo mundo el que maneja mal“. Recuerden que nosotros solamente podemos controlar nuestras acciones y cómo reaccionamos a las circunstancias, pongamos las cosas a nuestro favor para pasarla mejor.

Hagan la prueba de estar presentes y en paz durante su siguiente manejada. Vayan con calma a su destino: tomen su tiempo, respeten el alto, la velocidad, cedan el paso. Verán lo tranquilos que se sentirán y estoy segura que lo querrán replicar todos los días.

Y tu, ¿corres por la vida o te tomas tu tiempo?

PD. Este post va dedicado especialmente a mi mamá que cumple años hoy. Gracias por siempre ser firme con tus creencias y educarnos para siempre respetar a los demás, ser responsables con nuestras decisiones y disfrutar todo lo que la vida nos ofrece. Gracias, porque aunque seguramente te hacíamos caras y nos quejábamos, fuiste firme en esto y muchas cosas más. Gracias a tus enseñanzas: logro lo que logro, disfruto todo lo que disfruto y puedo verle el lado bueno a muchas situaciones. Te quiero, mami. Happy Birthday!

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