Se vale.

De chicos a muchos nos enseñaron a terminar todo lo que empezamos: nuestro plato, nuestras clases extracurriculares, nuestro compromiso en algún club… De grandes, seguimos con ese mismo pensamiento. Nos sentimos mal al querer abandonar algo, nos cuesta mucho trabajo y en ocasiones seguimos haciendo las cosas simplemente porque “debemos”.

Sentimos que todo lo que empezamos lo debemos terminar: “forma carácter”, “el que persevera alcanza”, “hay que cumplir con nuestras promesas”.

Sin embargo, yo creo que en ocasiones se vale rendirse y debemos aprender a darnos el permiso de hacerlo. Si lo hacemos en el momento adecuado y por las razones correctas, abandonar proyectos/actividades/situaciones abre la puerta a otras posibilidades, a otras oportunidades laborales, a otras personas, a otros pasatiempos.

Recientemente me encontré en una situación (muy sencilla, no trascendente) que me estaba causando estrés y me sentía atorada. Reconocí mi sentimiento. Evalué la situación y dije, “Hasta aquí. Esto no es para mí.”.

Les platico un poco más:

Me fascina hacer rompecabezas. Es un pasatiempos que tenía olvidado y recientemente re descubrí. Me llena de paz, me hace feliz y me entretiene.

Hace poco comencé un rompecabezas por segunda vez. Uno que había abandonado y ahora estaba decidida en terminarlo. Pasaron semanas y simplemente no me sentaba a poner ninguna pieza más. Estaba a medias. No avanzaba. Me empecé a preocupar y pensé “¿Será que ya no me gusta hacer rompecabezas?” Me dio un poco de tristeza pensar que un hobby que me estaba trayendo tanta felicidad quizá ya no me llenaba tanto… Por varias semanas, llegaba a mi casa y en lugar de sentarme un rato a poner algunas piezas, simplemente me sentaba a ver la tele. Sentía que un pasatiempos que tanto disfrutaba ya no lo tenía.

Estuve esas semanas debatiendo si debía desarmarlo y quizá empezar uno nuevo. El quitarlo me obligaba a enfrentarme con la duda, ¿me seguirán gustando? Me daba miedo empezar el próximo rompecabezas y que me sucediera lo mismo, que no me gustara y no lo terminara. Eso significaría entonces que contaba con una actividad menos que alegraría mi día. Un pasatiempos que podía hacer mientras acompañaba a mi esposo a ver sus series, o mientras yo veía una serie simpática (de esas que no necesitas prestarle tanta atención), o mientras escuchaba un podcast que tenía pendiente o un audiolibro. Era una actividad que también hacía junto con mi mamá los domingos. No era solamente perder el gusto por hacer rompecabezas, sino todo lo que giraba alrededor de él.

Después de meditarlo un rato, lo quité e hice espacio para empezar uno nuevo. A ver que pasaba. ¿Me gustará?

Pues, sí me gustó. Y estoy picadísima. Me quiero sentar a poner piezas en todo momento. Me dio tanta alegría tomar esta decisión, me estaba privando de un pasatiempos que disfruto muchísimo simplemente por querer terminar un rompecabezas que claramente nunca iba a terminar. Por querer cumplir con una regla que me había puesto a mi misma de forzosamente terminar todos los que empezaba.

No me malinterpreten, no estoy diciendo que siempre es buena idea rendirte o dejar las cosas sin terminar. Tampoco estoy diciendo que este ejemplo representa el grado de dificultad de decisiones que tomamos en la vida, pero el sentimiento que provoca puede ser similar: el estrés, el pelear con nosotros mismos y evaluar el porqué hacemos las cosas. El debate interno.

Creo que cuando nos encontramos en un momento donde no estamos avanzando, cuando estamos haciendo las cosas simplemente por salir del pendiente, palomeando tareas en una lista sin pensar, o que simplemente estamos evitando hacer algo a toda costa… Ahí es cuando debemos tomar un momento y preguntar lo siguiente:

  • ¿Por qué sigo haciendo esta actividad? Puede ser por obligación, para generar un ingreso, por compromiso con otra persona….
  • ¿Hay alguna otra cosa que podría hacer que pudiera suplir esta? Si es un trabajo, ¿puedo encontrar otro que me satisfaga más y me genere un ingreso? Si es ejercicio, ¿qué otra actividad física podría suplirlo? Si es un compromiso social, ¿existe alguna otra manera en la que puedo mantenerme en contacto con estas personas?
  • ¿A quién perjudico si dejo de hacer esto? Nuestro compromiso es primero con nosotros y nuestra familia directa… cumplir con nuestro rol como parejas, padres, hijos… Posteriormente siguen los demás.
  • ¿Es cuestión de perspectiva? Si cambio mi manera de pensar o algo pequeño en la manera que hago la actividad, ¿podré mejorar la situación? ¿Podré seguir?

Evalúa tus respuestas y considera si dejar esa actividad/proyecto o pasatiempos es una posibilidad.

Quizá no es que no te guste hacer ejercicio, sino que no has encontrado el ejercicio que disfrutes. A lo mejor no es que no te guste trabajar, más bien no has encontrado el trabajo que te apasione… Date oportunidad de abrir la posibilidad a nuevos retos, nuevos proyectos…

Vida solo hay una. ¿Para qué atorarnos solamente haciendo cosas que debemos hacer? ¿Qué nos impide disfrutarla más?

2 thoughts on “Se vale.

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