Un cambio de tenis…

Desde que comenzó la cuarentena, muchas de las conversaciones con mis amigas eran sobre lo que estábamos haciendo para sentirnos bien y facilitarnos la vida: tips de pasatiempos, recetas, actividades en familia y ejercicio.

Antes de la cuarentena, la mayoría de mis amigas iban a alguna clase a ejercitarse ya sea en algún gimnasio, una clase de cardio dance, yoga, pilates… pero de pronto se terminaron las clases presenciales y todo lo tuvimos que empezar a hacer en línea.

equipo de ejercicio: tenis, mancuernas, liga y cuerda de brincar

Al principio nos costó un poco de trabajo: tuvimos que adaptar espacios en nuestras casas y acoplarnos al nuevo esquema mientras que nuestras maestras también adaptaban sus clases a la nueva realidad, probando e identificando cuál sería la mejor plataforma para cada clase. Con el tiempo, nos fuimos adaptando cada una a nuestra rutina y platicábamos sobre nuestras experiencias y como nos sentíamos.

(Algo que agradezco de este encierro es recordarme preguntar “¿cómo estás?” y “¿cómo te has sentido?” de una forma genuina, esperando de verdad una respuesta con profundidad y no simplemente preguntar por cordialidad.)

Me llamó la atención la conversación que tuve en diversas ocasiones con una de mis mejores amigas: cuándo le preguntaba cómo iba con sus clases de ejercicio (que yo sabía tanto gozaba), me contestaba que le costaba muchísimo trabajo hacerlas, estaba desanimada y levantarse por las mañanas a eso era una verdadera “tortura”. Sin embargo, sabía era algo que debería continuar haciendo, especialmente en el encierro. Teníamos que encontrar la manera de mantenernos lo más sanos físico y mentalmente.

La conversación seguía el mismo rumbo siempre y concluía conmigo preguntándole si quizá no le gustaría probar algo más, a lo que ella me contestaba que no, esta clase le fascinaba. Las maestras eran lo máximo y las rutinas divertidas…

Muchas veces tuvimos esta conversación hasta que en una ocasión el tema se tornó a la ropa y tenis que utilizábamos y agregó: “… y estos tenis que estoy usando los compré hace tiempo para otra clase en la que trabajaba junto a la barra… no había impacto ni brinco. Este modelo no está hecho para brincar.” Las dos hicimos una pausa y coincidimos: “¡Cambia los tenis!”

Hizo justo eso y ahora que platicamos de sus clases, comentamos sobre la maravilla que resultó de ese pequeño cambio y lo mucho que puede disfrutar ahora sus clases…

Esto me recordó a una situación que me pasó a mí a principios de año. Desde el 2013 he estado escuchando podcasts, todos mis trayectos son acompañados de ellos, suplieron la música. Me fascina cómo existe uno para cualquier tema de tu interés. Hay algunos que escucho simplemente por entretenimiento, otros dónde me informo sobre lo que sucede en el mundo y otros con los que aprendo y encuentro inspiración para mis proyectos personales. No sólo me fascina lo que aportan en mi vida, me encanta saber que estoy utilizando mi tiempo de una manera eficiente: aprendo algo mientras llego del punto A al punto B.

A principios de año comencé a batallar un poco con la aplicación que estaba utilizando: no me avisaba cuando salían nuevos episodios, siempre estaban desordenados, algunos que tenía en mis favoritos ya no aparecían…

Llevaba meses batallando con este tema. Cada vez que abría la aplicación tenía que manualmente entrar a buscar el último episodio del podcast… en ocasiones me acordaba de alguno que llevaba tiempo sin escuchar y tenía que entrar a buscarlo de nuevo ya que en mi lista de favoritos no aparecía. Escuchar temas interesantes se había vuelta una tarea de memoria y constante frustración. En muchas ocasiones desistía y mejor ponía música… mis trayectos pasaron de ser fuente de información e inspiración a simplemente un traslado.

Un día, platicando con mi hermana, le comenté sobre el problema con la aplicación y me dijo “A mi me pasó lo mismo, ahora uso otra app”. En ese momento me quedé sin palabras. ¿Por qué no se me había ocurrido tan sencilla solución? ¿Por qué insistía en utilizar una aplicación que ya no me estaba ayudando lograr lo que quería?

Me animé a cambiarla… ¡Vaya, felicidad!

Ahora abro mi aplicación diario, emocionada por el nuevo contenido que tengo por escuchar. Me encanta que me siento constantemente inspirada, informada y motivada para continuar aprendiendo y trabajando en mis proyectos.

Estas dos anécdotas me dejan muy claro cómo a veces los problemas que nos terminan afectando tantos aspectos de nuestras vidas (nuestra salud física en el primer ejemplo y nuestro estado de ánimo en el segundo… y ambos la salud mental) tienen soluciones tan sencillas, y tan sencillas son esas soluciones que nos es difícil verlas.

Así que, te lo dejo de tarea, ¿estás batallando con algo que afecte tu humor o algún aspecto de tu vida? ¿te has preguntado si quizá la solución es tan sencilla como cambiar de tenis?

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